La linterna mágica fue creada por Athanasius Kircher, en el siglo XVII. Fue un aparato precursor del cinematógrafo.
Consistía en una cámara oscura con un juego de lentes y un soporte que se podía mover con unas planchas de cristal dibujadas. Estas imágenes se iluminaban con una lámpara de aceite y daban sensación de movimiento a los personajes. La parte de arriba del aparato es una gran chimenea que se usaba para que saliera el humo de la lámpara de aceite.

Posteriormente, el italiano Cagliostro mejora este dispositivo, de modo que con un juego de ruedas se puede aumentar o disminuir el tamaño de la imagen proyectada.
Paulatinamente se populariza la linterna mágica, y se le van encontrando aplicaciones prácticas. Nollet y Charles la introducen en la Sorbona para apoyar sus enseñanzas de modo visual, y el famoso mentalista Mesmer la emplea en sus cátedras de «magnetismo animal» y en sesiones de hipnotismo. El profesor Jean-Martin Charcot la usaba como método curativo de ciertos casos de epilepsia e histeria.


Aparece la fotografía, con lo que las transparencias pintadas son sustituidas por diapositivas, y la linterna mágica es virtualmente una ampliadora fotográfica. Quedaban solo unos pasos más para que llegara a ser un proyector cinematográfico.



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